Pequeña florecita de cándida belleza
y sonrisa de cielo que aroma el corazón,
tú, llegaste para que el día amanezca
y llene nuestras vidas de luz y de calor.

Son tus manecitas de blanco terciopelo,
nos llenan de caricias, nos hacen sonreír,
se aduerme la fatiga y renace el anhelo
desde que llegaste tu vida a compartir.

Con su sonrisa dulce de sol y de amapola,
un cielo de caricias y floración de abril…
tus besos pequeñita son néctar y aroma
y nos brinda la dulzura para felices vivir.

Sabes, mi pequeñita los días irán pasando
y empezarán tus labios palabras a brotar:
“papacito, mamita ¡saben los quiero tanto!
y a mi hermanita linda ¡mucho la voy a amar!

Serás para tus viejitos de blanca cabellera
el sol para sus vidas y el ángel de bondad
que trae en sus manos la luz de luna llena,
y los iris de esperanza, de dicha y felicidad.

Por eso en este canto, mi bella pequeñita,
te entrego la ternura que brota el corazón,
con un amor tan grande y con la fe infinita:
¡tu vida y tus pasos siempre los guiará Dios!

Piñas, 2013 – 04 – 25