A PIÑAS

Haraldo Gallardo Añazco

Terruño de mis bellas ilusiones,
donde feliz mi cuna se meció
y aprendí las primeras oraciones
que mi madre querida me enseñó.
Patria de mis mayores, patria mía


Quien rendido y con pasión venero.
santuario de mi infancia y alegría
hogar risueño de mi amor primero,
con cuanta devoción el alma mía
alza este canto en tu glorioso día.

Población de casitas pintorescas,
cual hermosa bandada de palomas,
a quien te visite que no ofrezcas
de tus vergeles múltiples aromas?
Aromas de bondad y de nobleza,
cual el perfume de fragantes flores
que fluye, sin hostigos de maleza,
realzando de las rosas sus colores,
haciendo un paraíso de tu suelo
¡Bello girón arrebatado al cielo!

Recostada en las faldas de un declive
suave de una abrupta cordillera,
te levantas ¡Oh pueblo!, y aquí vive
un grupo de casitas de madera
que en medio de dos montes elevados:
norte Chilchiles; al sur, La Libertad,
cual amigos con las manos enlazadas,
formando como un arco de lealtad,
al pie, tu río de murmullo leve
sobre tu cielo, la neblina breve.

¡Salud, Oh Piñas!, venturoso y grande,
de atávico civismo y suma gloria,
cuyo prestigio más y más se expande
y cuya gloria recogió la historia;
conserva tu orgullo, tu hidalguía
y el timbre de tu raza soberana,
de nobleza, de valor y rebeldía
y descansa tu fe sobre el mañana!
¡El lauro del progreso orle tu frente,
Salve, Oh Piñas, católica y creyente!